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MI PRIMER PAVO

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Cada vez que llegan las fiestas navideñas recuerdo aquella de 1974. Tiempos remotos, de cuando mis amigos tenían el cabello largo, a diferencia de los calvos y canosos que ahora veo de vez en cuando. En aquellos tiempos los pavos no se vendían congelados y empaquetados, listos para preparar. No señor, te los traían de alguna chacra, vivitos y picoteando. En casa había que embriagarlos, sacrificarlos, desplumarlos y cocinarlos con rellenos por demás sofisticados. Estaba de lo más tranquilo aquella tarde aciaga cuando toda la familia decidió salir de compras dejándome solo con el pavo que daba vueltas por el patio. Pasaron las horas y yo tranquilo, igual que el ave de corral. Pero al cabo de un tiempo empecé a preocuparme. Nadie regresaba y mi eventual acompañante seguía allí, cuando ya no debía de estarlo. Hacía rato que debía estarse cocinado. Bueno, me dije, hay que sacrificar al animal. Lo primero era emborracharlo. Papá tenía una botella de vino para eso. Parece que el pavo presint...